La Mujer Paraguaya en la Música

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Cada 24 de febrero Paraguay conmemora el Día de la Mujer Paraguaya, una fecha que nace en 1867, cuando mujeres asuncenas donaron sus joyas para sostener al país en guerra. Ese gesto de resiliencia marcó el inicio de una historia que hoy también se escribe con guitarras eléctricas, micrófonos, sintetizadores y baterías.

Si ayer reconstruyeron la nación, hoy reconstruyen la escena musical.

Las mujeres representan el 49,6% de la población paraguaya y encabezan el 37,2% de los hogares. Sin embargo, también enfrentan brechas económicas que impactan directamente en la producción cultural.

En la música independiente —especialmente en géneros como el rock, el metal, el jazz y el reggae— estas desigualdades históricas se traducen en menos acceso a recursos, festivales y espacios de visibilidad.

Y aun así, avanzan.

Las pioneras del rock paraguayo

En los años 70, en pleno contexto dictatorial, mujeres comenzaron a ocupar escenarios eléctricos. California Super Star, liderada por Catalina “Catunga” Pereira, se convirtió en la primera banda de rock íntegramente femenina del país. Su existencia fue un acto político y cultural.

Ese legado abrió camino para nuevas generaciones que ya no piden permiso: lo toman.

La escena actual: diversidad, identidad y profesionalización

Hoy la música paraguaya suena con identidad femenina en múltiples géneros:

  • Jennifer Hicks (Purahéi Soul) fusiona guaraní, soul y folk con proyección internacional.
  • Andrea Valobra transita del rock al jazz con una versatilidad técnica reconocida.
  • Band’Elaschica posiciona a la mujer como protagonista instrumental en el jazz.
  • Claudia “Clu” Riquelme, bajista del grupo Sadistic Art representa el liderazgo femenino en el metal extremo.
  • Nuevas voces del indie, lo-fi, reggae y pop amplían el espectro creativo.

No se trata solo de cantar: producen, componen, gestionan, lideran colectivos como Sorora Música y organizan festivales que exigen paridad en los escenarios.

Más que presencia: transformación cultural

La mujer paraguaya en la música no es una cuota simbólica. Es estructura. Es narrativa. Es industria. Es gestión cultural. Es activismo.

El rock nacional ya no puede contarse sin ellas.
El jazz paraguayo ya no puede sonar sin ellas.
El reggae, el blues y el pop tampoco.

Desde las joyas entregadas en 1867 hasta las guitarras distorsionadas del presente, la historia es la misma: resistencia convertida en identidad.

Este 24 de febrero no es solo una conmemoración. Es un reconocimiento a quienes siguen ampliando los límites del sonido paraguayo.

La escena es más fuerte cuando es diversa.


Y hoy, definitivamente, suena en femenino.

Imagen de portada: California Super Star.

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